Cuando se crearon las regiones en nuestro país, se prometió que servirían para descentralizar el poder. Sin embargo, más de dos siglos después, Chile sigue siendo dirigido casi por completo desde Santiago. Ni siquiera el traslado del Congreso Nacional a Valparaíso logró restarle influencia a esa capital que concentra decisiones, recursos y oportunidades, convirtiéndose en un verdadero imán que lo absorbe todo.

En la Región del Maule, se repite una queja conocida: que las provincias de Curicó y Talca concentran la mayor parte de los recursos públicos. A partir de esa percepción, algunos parlamentarios han propuesto dividir la región en Maule Norte y Maule Sur. Sin embargo, esta solución corre el riesgo de reproducir el mismo problema a menor escala: Curicó seguirá reclamando que Talca se queda con más; Cauquenes exigirá un trato más justo frente a Linares; y comunas como Chanco y Pelluhue sentirán, otra vez, que quedan al final de la fila.

Dividir la región no resolverá la desigualdad: solo multiplicará la burocracia. Habrá que crear nuevas intendencias, servicios, cargos y sueldos, sin que ello garantice una gestión más eficiente. En los hechos, sería simplemente repartir la misma pobreza, en vez de enfrentar el problema de fondo: la mala distribución de los recursos y la ausencia de una verdadera política de desarrollo territorial.

La descentralización real pasa por crear polos de desarrollo efectivos en cada comuna. Por ejemplo, ¿por qué no pensar en un hospital geriátrico de alto nivel en Cauquenes, centros especializados en cardiología en Linares, y en oncología en Parral? Esto permitiría no solo mejorar la atención de salud, sino también dinamizar la economía local y generar empleos especializados.

Del mismo modo, resulta razonable preguntarse por qué las secretarías regionales ministeriales y direcciones regionales deben estar casi todas concentradas en Talca. Repartir estos servicios por el territorio sería una forma concreta de acercar el Estado a las personas, reducir tiempos de traslado y fortalecer la identidad de cada comuna como centro de gestión y no solo como lugar de paso.

Desde la experiencia local, para quienes vivimos en Cauquenes, la cercanía con Talca es hoy una ventaja práctica: la conectividad por la Ruta de los Conquistadores es más directa que el acceso a Linares, que implica mayores tiempos de traslado y costos adicionales. Además, Talca concentra hoy una oferta de servicios que difícilmente podría igualarse en el corto plazo en una hipotética capital del Maule Sur. Esto demuestra que el problema no es el tamaño de la región, sino cómo se organizan los servicios y la inversión pública.

Más que gastar energía en crear nuevas regiones, el desafío está en mejorar la eficiencia del gasto público, asegurar que los recursos lleguen oportunamente a las comunas y fortalecer la planificación local con participación real de las comunidades. La descentralización no se logra dibujando nuevas fronteras administrativas, sino construyendo capacidades en cada territorio.

Estamos cansados de escuchar la palabra “descentralización” como un eslogan vacío. Si de verdad se quiere avanzar en ella, hay que dejar de multiplicar estructuras políticas y empezar a distribuir poder, inversión y oportunidades de manera equitativa. Solo así las regiones dejarán de sentirse siempre al margen de las decisiones que afectan su propio futuro.


Por:
Sergio Andaur Cancino
Locutor Profesional
Periodista
Profesor de Lenguaje y Comunicación